Resumen
Este artículo es una crítica y reflexión acerca de la ciudad de Popayán también llamada en el texto como: «Elefante Blanco” que aborda temas relevantes, adentrándose al contexto de La Ciudad, la multiculturalidad, la historia, evolución y repercusión de momentos inmortales como la colonización, Además de tocar contextos de la vida cotidiana y su economía en torno al Centro Histórico. Por otra parte, aborda la confusa identidad de los Payaneses y Caucanos tomando como referencia la hibridación cultural citando a Néstor García Canclini en su libro «Culturas híbridas»(1990). No obstante, los temas se tocan con sátira, sarcasmo y también con el toque poético y metafórico qué le aporta al artículo la huella de la autora. Está pensado para lograr dejar preguntas y algunas respuestas en el lector con respecto a lo que vemos en la ciudad y todo lo que hay más allá de paredes blancas, comercio y arquitectura.
Palabras clave:
Popayán, identidad cultural, hibridación, ciudad, memoria.
El Elefante Blanco y sus características.
En medio de la noche, está el día, en medio de la ciudad hay historias escondidas. Así como la luna no brilla en la mañana, pero se hace presente en ella. Así como aquellos que se detienen en medio del afán para disfrutar del paisaje y en él los pequeños detalles, la Luna presente dando espacios al dueño del brillo más intenso. De pronto así mismo puede alguien ver que en la ciudad hay más que simplemente calles, hay más que un centro histórico lleno de nostalgia y alegría.
Caminando por el gigante blanco podemos ver historia presente en su arquitectura, y sombras ocultas, secretos y misterios que traen recuerdos para aquellos que no olvidan que antes fue de otro pueblo, aquella ciudad que era campo, aquel campo que ahora se ha transformado en un orgullo colonial. Evidentemente los cambios hay que aceptarlos y observar con el tiempo cuál era el propósito de los procesos variables, pero también hay una… No… Aún no la hay, falta esa memoria colectiva que entienda lo que pudimos ser y no fuimos como capital, que entienda lo que somos, pero sin olvidar lo que fuimos, en medio de ese oscuro pasado lleno de muertes y sometimientos por la conquista, nos fuimos mezclando a tal punto que se nos olvida que somos de todo un poco, que debemos admirar la belleza del elefante blanco, así como la responsabilidad de estar en él, sin olvidar lo llevamos en las raíces.
No debería olvidarse, sus esquinas y calles principales nos recuerdan las personas que viven de sus productos agrícolas, algunas otras dependen del clima para su sustentos, otras de lo sucios que luzcan el calzado o quizá lo acabado qué se aprecie su color, a eso le llamo vivir de aventuras, esos testigos tienen tanto que contar, son como «cámaras trampas» de las que usan para filmar animales poco avistados o en vía de extinción, igual como se han ido extinguiendo las conversaciones en los parques, ya no son tan concurridos para leer sino para seguir sumergido en un mundo Surrealista.
Ese elefante blanco que al principio fue de otro color, que ahora va envejeciendo tratando de seguir aguantando sus cambios que ni él mismo comprende. Y cuando por fin piensa que va a descansar, resulta que llegan «los de turno» los que han descansado en el día y se dedican a escarbar, a acabar con la poca dignidad que le queda a la ciudad, donde el pánico se apodera y se convierte el «pobre elefante blanco» en un instrumento para delinquir. Dudo que quiera reconocerse por ello, supongo que como todos desea ser reconocido por algo lindo, único e indiscutible. La belleza no es siempre suficiente quizá a veces es bueno darse el gusto, no obstante, no funciona de por vida.
Tú y mis recuerdos
Las lágrimas que brotan de tus ojos azules pero que con la tristeza se tornan grisáceos hoy y siempre van tan cargadas de sentimientos, sentimientos que aprovecho para sacar y que se confundan tus lágrimas con las mías, tu amargura con mis recuerdos y tu optimismos del medio día con mi alegría de mi silencio, has traído recuerdos, has traído vivencias, me transmites paz, alegría así como afán, nostalgia y melancolía como los arcoíris qué nos regalas después de tus lágrimas tibias antes del soleado mediodía, sollozando hablo contigo… Esa conversación que sostengo diario contigo, conmigo y con el yo profundo que todos tenemos que le dicen de apodo «una tal conciencia», significado de conciencia….
No estoy muy segura de que sea exactamente esa descripción porque no es un concepto universal, puede que cambie como esa relación que tenemos tú y yo, pero que no tienes con alguien más aún cuando tenga características «universales».
También te miento y hablo de la mentira que tú me reflejas cuando el día está nublado y me pongo más de dos abrigos, camisas calentitas. De repente tres horas más tarde salgo a la calle y me encuentro con que hiciste pacto con alguien que te pidió sol y que ofreció a cambio lo mismo que yo, pero era más hermosa. Y aún con todo eso vuelvo a caer en esas curvas blancas qué ocultan odios, guerras y conflicto de intereses cuál campaña Politiquera, cual promesa que nació en tu parque y terminó con cuál pinche mensaje, me dueles y a veces te duele, te mancho y soy egoísta, así como cuando me muestras tu cuerpo blanco sin dejar ver la pintura que hay detrás ocultando el crimen y la cultura que perdimos por ver esa mirada y admirar más lo novedoso, aunque sea «venenoso».
El Amor y Tú.
El amor es un juego sucio casi como tus calles, pero idénticamente versátiles porque, así como las pueden convertir en centros de espectáculo, accidentes, protestas, así es la mal llamada «guerra del amor” es un juego sucio donde todos quieren algo, pero a veces ni siquiera miden las consecuencias porque en guerra lo que importa es vivir y ganar, así se convierte el amor. Tal cual como cuando renuncia alguien y rápidamente ponen anuncio en el periódico o la radio que se necesita reemplazo.
¿Realmente te podríamos reemplazar? ¿Es completamente cierto que somos reemplazables?
Sí alguien que vive en el gran Elefante Blanco se va a otra ciudad, te aseguro que te va a comparar, te buscará en sus calles, en el clima, en tus paredes blancas, hace algún tiempo conocí a una profesora que me daba Francés y casi todas las personas le decían que por qué había decidido mudarse de tiempo completo a Colombia si eran países tan diferentes y como nos colonizaron a tal punto de «satanizar” querer vivir el sueño que debería ser Latinoamericano, ese de querer vivir en ciudades pequeñas o en el Campo donde nos encontremos con nuestras raíces ancestrales, que hagamos las paces con la naturaleza y con los ecosistemas que les hemos hecho tanto daño, en donde el Elefante Blanco es un gran foco de contaminación para otros lugares que se deberían de conservar sin alterar su esencia y función. La profesora comentaba que nuestro Elefante Blanco se parecía a su ciudad en Francia, allá eran blancas sus paredes, muy parecidas en su arquitectura y que incluso había algunos aspectos en los que El Elefante Blanco supera su ciudad.
Continuando con el amor, no es un tema tan sencillo por qué quizá te preguntes ¿Cómo alguien puede amar a una ciudad? ¿Cómo puede amar una calle tal vez? Así es el amor, tu no amas todo de una persona a menos que estés en la etapa de enamoramiento donde la dopamina te ciega y no ves de cerca los defectos y errores de la persona con la que has empezado el romance, así ves la ciudad, te encanta, pero en aquel momento donde empiezas a vivir de lleno te das cuenta que la lluvia te puede alterar los planes, que el sol te puede quemar la cara o llegar al punto del calor infernal, puede destruirte tu make up, de la misma forma puede gustarte un aspecto de la persona que luego se convierte en un elemento contraproducente.
La opacarofilia y la hibridación
Según Néstor García Canclini, no existen culturas completamente puras, sino que estas son el resultado de procesos de hibridación en los que se mezclan y transforman elementos de distintas tradiciones en contextos de globalización y modernización (1990). Si traemos todo eso a la práctica, es como disfrutar de los atardeceres para las personas con opacarofilia, el atardecer tiene sus partes y cada una cumple su función, esos contrastes de colores, que adornan ese protagonismo del Elefante Blanco en esas horas donde ya se fue un poco la presión del día, cuando ya queda un instante para disfrutar de esos pequeños detalles, así como se aman y nos podemos deleitar con el hermoso paisaje, la diversidad del contenido de los atardeceres que se parecen tanto a nosotros seguro te preguntas ¿en qué se parece el ocaso a las personas? Tan simple como que cada ocaso se puede parecer, pero se diferencian entre sí, en cómo se ven a detalles, en cómo los sientes y cómo te hacen sentir, sin olvidar que es tan complejo cómo el término que expone Canclini en su libro, las personas somos como esas puestas de sol que tanto les cautiva a las personas con Opacarofilia.
De esta manera amamos diferencias y «colores en común», aromas, recuerdos, suspiros qué acompañan las puestas de sol, así como ese momento en el que te disfrutas del ocaso, disfrutas de esa hibridación qué ha hecho ser a aquella persona que te encanta, ser lo que es, amar como ama, despreciar como no sabes todavía que lo hace, comportamientos que te atraen y que quizá las aprendió de alguien más, de un espacio del que hizo parte, del individuo que le quiso y pero que también le rompió, del padre ausente y de la madre presente.
Las Ciudades y Nosotros.
Para concluir todo esto y sí todavía piensas que la ciudad, que nuestro «Elefante Blanco” solo son paredes y una ciudad más, estás tan equivocado como aquella persona que deja ir a la que le dio su vida, su mejor versión y sin embargo prefirió una estrella fugaz, esa que al final resultó ser únicamente un satélite artificial. Es por esa forma de pensar que nuestro «Elefante Blanco» se convierte justamente en ese «blanco” de personas que no lo dejan fluir con todas las capacidades y que solo lo ven como una ficha lucrativa en cierta semana. Él es mucho más que el color blanco, que la arquitectura porque aunque ella es como las plumas de la cola del fabuloso e imponente pavo real, también es historia… historias… no tanto de personas pudientes que se permiten ser recordados en cada esquina con sus museos y lugares extravagantes; sé claramente que son parte de nuestro «Elefante Blanco” sino que no es la totalidad de él, también son parte esas pequeñas historias de aquel que aprovecha el estío para vender sus raspados y de aquel que aprovecha las lágrimas tan características en las tardes de La Ciudad Blanca para vender paraguas, es parte también de los pocos nativos que aún quedan, a aquellos que nos les da vergüenza que los vean con sus históricos trajes típicos. Pero quién más es congénito con «El Elefante Blanco” son los que lo cuidan, lo aman, cuidan sus calles como el piso recién trapeado de sus casas, apartamentos o «ranchos», así cómo les cuidan la carita a sus hijos también lo hacen con sus aposentos que están al servicio público de todos, de los que saben lo importante, valiosa, representativa que de nuestra Capital. Que somos esa mezcla de la que hace referencia Néstor García, pero que nuestro plus a los ojos del mundo será el orgullo, pero no de ese que te llenas para no reconocer tus errores, sino de ese que sientes cuando te gradúas, cuando hiciste algo por alguien, cuando te cambiaste de look y te encantó.
Referencias
García Canclini, N. (1990). Culturas híbridas: Estrategias para entrar y salir de la modernidad. Grijalbo.




