Un viaje en el tiempo en el barrio de la comuna 3
Entre risas, la brisa y el sonido de los vendedores ambulantes, se concentra una atmósfera que el tiempo quiere quitar, pero que los caleños buscan conservar. San Antonio es ese lugar que transmite cercanía, que te abraza con su brisa cada tarde y te deleita los oídos con el canto de los pájaros y de las grandes campanas de la capilla anunciando que la misa está a punto de empezar.
Este emblemático barrio tiene sus inicios en 1746, según Henry Adolfo Peralta en su proyecto de grado, “el señor Juan Garcés de Aguilar donó el terreno donde hoy se ubica la capilla de San Antonio, inaugurada al parecer en julio de 1747… 40 años después, doña Antonia Josefa Vallecilla, nuera de Garcés de Aguilar, aumentó la donación inicial”.
Como un acto de fe iniciaron los primeros asentamientos en las faldas de la colina, principalmente de personas provenientes del Cauca y Nariño, pues se disputaban guerras civiles al interior del país. Y cuando menos lo esperaban, los alrededores de la colina estaban llenos de casas hechas de adobe, una mezcla de arcilla, arena, agua y paja.
Hay que destacar que muchas de las casas que hay actualmente en San Antonio aún conservan el estilo y la forma colonial de la Cali vieja, según una entrevista hecha a Harold Antonio Medina –un arquitecto de la Universidad San Buenaventura- en la revista Diners en el año 2022, las paredes de su casa se mantienen intactas y están hechas de adobe.
Todas las personas que vivían cerca o en San Antonio, llamado así por el santo que hay en la iglesia –San Antonio de Padua- se congregaban en la capilla en las fechas importantes, como la Semana Santa, las procesiones al santo de Padua y las misas de cada domingo. Una de las monjas que hay actualmente en el Monasterio Santa Clara, piensa que la capilla ha sido muy importante para los caleños, incluso “muchas parejas vienen a casarse acá y a celebrar los sacramentos por el significado que tiene la capilla en lo alto de la colina”.
La Mano Negra y la corrida de Macetas
Hay tradiciones que nacen de mitos y leyendas, entre esas la conocida “Corrida de Macetas”. Andrés Velásquez, lleva viviendo 38 años en San Antonio. Su casa esquinera tiene en su fachada objetos antiguos, como una máquina de escribir, un teléfono de disco y varios cuadros que contienen historia del barrio y de Cali.
Sentado en una silla grande de madera, mientras acaricia su perro de raza pastor alemán, cuenta que esta tradición nació por un padrino que era pobre y no tenía dinero para darle un regalo a sus ahijados. Así que hizo unos dulces de leche con azúcar y los pegó en un vástago de caña de azúcar, incluyó unos ringletes y luego organizó una corrida en el barrio. Eso se sigue conservando hasta la actualidad.
Otras versiones dicen que se originó por Dorotea Sánchez, quien no tenía comida para darle a sus hijos y por inspiración divina, se le fue revelada una receta para que cocinara azúcar y agua hasta lograr un dulce moldeable. El mismo Andrés dice que esta tradición es la unión de muchas personas, no se le puede atribuir a una sola.
Esta no es la única historia que rodea la Comuna 3, también hay un mito que se plasma en la Loma de la Cruz, un patrimonio artesanal cercano a San Antonio. La “Mano Negra” o la “Mano del Negro” surge como una historia que aterrorizó a las personas.
Andrés recuerda que hay una calle que se le llamó por este nombre, la “Calle de la Mano del Muerto”, y dice que hubo un muerto en el siglo XVIII, lo enterraron y al día siguiente su mano estaba sobre la tierra. Esto causó gran conmoción en la ciudad.
Otras versiones, cuentan que la persona muerta fue un esclavo llamado Crescencio, quien, por defender a su esposa Juana del maltrato de su amo, le cortaron la mano. Se dice también que se escucha todavía su lamento en las noches. Esta es la razón por la que los monjes franciscanos colocaron la cruz en lo alto de la colina artesanal, hoy reconocida por dicho monumento, la Loma de la Cruz.
Hay muchas historias que han podido superarse con el paso de los años, como la que describe Luz Yaneth Mesa, quien cuenta que lo más paranormal que ha escuchado es que cabalgaban en la noche, y uno de los que ‘andaban a caballo’ no tenía cabeza.
Una experiencia llena de vida
San Antonio es sin duda un atractivo turístico, no solo por su estilo barroco y colonial que se observa en sus casas y calles, o por ser un centro de comercio en gastronomía, sino también por sus tradiciones e historia. La Secretaría de Turismo en el informe de Semana Santa de este año, estima que al menos 320 personas se inscribieron en los recorridos guiados por los atractivos turísticos de la ciudad, un aumento del 14% con respecto al año anterior (2025); entre los puntos de recorrido, está la capilla de San Antonio, que se iluminó con un espectáculo de luces alusivo a esta semana.
Por fuera de estas fechas, la cantidad de visitantes es recurrente en la zona. Cecilia Maldonado es dueña del negocio que se encuentra diagonal a la colina de la capilla, siendo atractivo por su fachada pintoresca y el letrero con una frase que todos reconocen “Oiga, mire, vea”. Ella destaca que vienen turistas tanto nacionales como extranjeros: La época más visitada es diciembre y enero, vienen turistas de Medellín, Bogotá y Nariño.
Diana Rosales, que es una visitante recurrente del barrio colonial, tiene recuerdos memorables de su infancia recorriendo el lugar. Ella evoca su pasado cargado de adrenalina cuando se deslizaba por las calles empinadas en canastas plásticas, conocidas popularmente como ‘guacales’, sin saber en qué momento iba a golpearse por la rapidez en que bajaba su ‘vehículo’, y escuchaba los relatos de los ‘cuenteros’ que entretienen a las personas que se dan un tiempo para caminar entre las calles estrechas.
A ella en la actualidad le sigue gustando ir a escuchar a los cuenteros, con sus historias inusuales y chistes que hacen reír a todo el que pase en horas de la noche. Y es cierto lo que menciona: “el tiempo transcurre lento”. San Antonio es magia. Es una experiencia a través del tiempo.




