Karen Ortega
Estudiante Comunicación Social – Fundación Universitaria de Popayán
Todas las personas tienen una fotografía y alguien que recordar. En este mundo, esta herramienta tan poderosa, la fotografía, tiene el poder de congelar un momento y guardarlo para toda la eternidad. Las fotografías tienen el don de trascender los límites de la muerte. A través de ellas, las personas continúan viviendo, dejando una huella imborrable en este plano terrenal.
Marino Salazar, un alma carismática, amorosa y alegre, ha dejado su esencia impregnada en innumerables fotografías, capturadas con cariño por su nieta. Estos recuerdos se quedan congelados en el tiempo y se convierten en la mejor forma de recordarlo.
Marino amaba el campo y a su esposa, a quien cariñosamente llamaba «Yola». El amor entre ellos quedó congelado en una foto, donde sus sentimientos se reflejan en sonrisas que desafían incluso a la muerte. En esa foto, la magia de la fotografía se manifiesta: un pequeño instante que preserva un mundo de emociones.
A pesar del paso de los años, sentarse a leer un libro no era impedimento. Una fotografía en su finca, en aquella cocina vieja con trastos alrededor y su fiel compañero a sus pies. Ese momento solo vivirá en la memoria de su familia y en esa fotografía. Ni Marino, ni su perro, ni siquiera la vieja cocina serán lo mismo, pero esa imagen perdurará.
Cada persona tiene una historia que contar, una fotografía que mostrar. Estas imágenes son el único camino para recordarte, para revivir cómo eras, cómo disfrutabas los momentos, cómo pintabas y vivías la vida de una manera hermosa. Hoy, todo eso queda capturado en píxeles.
Así, las fotografías se convierten en nuestra conexión con el pasado, una ventana a momentos y emociones que de otra manera podrían desvanecerse. En ellas, encontramos la magia de congelar instantes, eternizando la esencia de quienes amamos. La fotografía, en su simplicidad, se convierte en un tesoro invaluable, una forma de recordar, de mantener viva la memoria de aquellos que han dejado este plano. entonces recuerde que cada fotografía es un pedacito de vida un tesoro que quizás necesite mañana para recordar lo que olvidaras si no lo captura hoy.