Natalia Córdoba
Comunicadora Social – Fundación Universitaria de Popayán
Conflicto armado, desplazamiento forzado, tomas guerrilleras, miedo, han sido durante muchos años palabras que me acompañaron en el transcurrir de mi vida, y como no, si desde que nací pasé los años de mi vida sabiendo lo que era vivir en un territorio rodeado de violencia.
Saladoblanco, es un municipio ubicado al sur del departamento del Huila, es conocido como el “Jardín del Huila”, limita por el Norte con el Municipio de La Argentina y Oporapa, por el occidente con el Departamento del Cauca, por el Sur con los Municipios de Pitalito y San José de Isnos y por el Oriente con el Municipio de Elías. (Huila, 2018)
Era el año 2001, la violencia se había apoderado de mi municipio y yo con tan solo 11 años empezaba a entender por qué mi mamá en las noches nos hacía esconder debajo de la cama, nos llevaba a dormir a un cuarto grande que tenía nuestro vecino, y por qué pocas veces nos dejaba salir a jugar con nuestros amigos a la cancha del barrio.
Un martes en la noche, nos encontrábamos durmiendo mis papás, mis tres hermanos y yo, cuando un fuerte ruido estremeció la casa, el sonido de las balas tomó más fuerza y mi papá con voz temblorosa nos dijo “se nos metió la guerrilla al pueblo”. Mientras esto ocurría, por mi cabeza pasaron miles de pensamientos, pensé que era mi último día de vida o que quizá jamás volvería a ver mis padres y las personas que amaba.
Al día siguiente una tensa calma acompañó la mañana, lo vivido la noche anterior marcó una fecha de dolor y tristeza en mi municipio, el miedo se hizo presente cada noche por mucho tiempo, los signos de cualquier situación de peligro fueron tenidos en cuenta, los niños ya no salían en la noche y la soledad empezó a habitar las calles de mi tierra.
Años después por temas de trabajo y en busca de unas mejores oportunidades, opté por irme a vivir al departamento del Cauca, donde he tenido la oportunidad de atender población indígena, afro y campesina. En el desarrollo de mis actividades profesionales, he logrado escuchar historias de vida que evocaron recuerdos de mi niñez y el temor que un día sentí, revivió. Esto, debido a que en el Cauca también se ha vivido de manera directa las consecuencias de una guerra sin fin. Se puede decir que en esta zona del país el conflicto ha sido más fuerte que en el Huila, pese a la firma de los acuerdos de paz, aún existen otros grupos armados presentes que continúan desplazando, reclutando, secuestrando, desapareciendo, asesinando y traficando drogas de manera constante.
Cauca, un departamento pluriétnico y multicultural, rico por la grandeza de sus territorios y la calidez de sus habitantes, pero también, lastimosamente ha sido fuertemente azotado por esta guerra, que ha llevado a las personas que viven en zonas rurales a presenciar situaciones de enfrentamientos y esconder a sus hijos para que no sean reclutados por la guerrilla.
Sin embargo, puedo decir entonces que pese a que los años han pasado el conflicto armado sigue acompañado mi vida, desde la violencia generada en mi pueblo, hasta hoy con las comunidades del departamento del Cauca. Aun así, sigo apostando desde mi trabajo a apoyar a las personas que lo necesitan, porque en medio de tanto miedo, he logrado descubrir seres humanos maravillosos, y reafirmo una frase del texto Maestro de Vida “ Dios es bueno con todos” (PAGOLA, 2007) y así, de esta manera enfrento los temores que me han acompañado en todos estos años de mi vida, y cierro este escrito mencionando una frase del texto Amad a vuestros enemigos “La llamada al amor siempre es seductora” (PAGOLA, 2007), porque finalmente, el amor debe primar por encima de cualquier situación dolorosa.
Los verdaderos cimientos de la civilización se construyeron a través del diálogo, lo supimos cuando en la época antigua, en Grecia, apareció la tan revolucionaria democracia. Cuando Hobbes, Maquiavelo y Locke escribieron los fundamentos de lo que constituye las sociedades modernas, el Estado. Más adelante, hemos visto pensadores como Henry David Thoreau, que cuestionaban la autoridad y legitimidad del Estado, siendo su cuestionamiento además de lógico, respetuoso, decisivo y sin recurrir a la violencia, aun cuando fue encarcelado. El conocimiento supera al poder, es más, el poder existe gracias al conocimiento.
Ajustado a su época, Jesús de Nazaret luchó de manera pacífica contra las tiranías esclavizantes, usando el poder divino de Dios como un argumento de fuerza suficiente para acabar con las injusticias y desigualdades que vivían los menos favorecidos. Mahatma Gandhi, entendía que el ser humano es una sola especie y que aún en sus diferencias biológicas y físicas, la conexión importante era nuestra capacidad de pensar, algo en lo que él se basaba para la búsqueda de la verdad, algo relativo porque solo podíamos acercarnos a ella, en palabras de Karl Popper: “Usted puede estar en lo correcto y yo puedo estar equivocado, pero si ambos juntamos lo que sabemos podemos acercarnos a la verdad.”(Tomado del libro La Sociedad Abierta y Sus Enemigos) Las luchas del progreso social han sido escritas y dialogadas a partir de una serie de sucesos, pero la violencia nunca ha sido el camino, no hemos sacado más que vidas inocentes y ambición material de esto. Gandhi, Luther King y todos los pensadores que quisieron aportar cambios a la sociedad, entendieron que solo lo puesto en teoría lógica podría pasarse a la práctica de una construcción social, sin violencia.